viernes, 2 de septiembre de 2011

Un frío calor

 En los momentos de insomnio que visitan mis noches calmas y sumisas en la tristeza, recuerdo tu mirada enamorada que se metía por mis pupilas hasta mi pecho. Vuelvo a notar mis labios calientes por el tacto de tu boca delicada y carnosa, que me brindaba uno de los mayores regalos que pude recibir sobre este mundo... el estar, no juntos, sino unidos; y sin embargo este calor no es más que una mera ilusión transmitida por los sueños que divagan en mi cabeza. Desde aquel día, desde aquel día que descansaban nuestras cabezas sobre nuestros hombros - tu cabeza sobre mi hombro, mi cabeza sobre tu hombro- sumidos en una nube de carne y sentimientos, simplemente esperando a que llegase ese momento que no esperábamos, pues al parecer el tiempo  ya se lo esperaba y el viento jugó en nuestra contra, empujándote a ese silencioso hoyo en el que hoy descansas, remanso de paz y de lloros, desde el que todos y cada uno de mis días te oigo... decir ``te quiero´´. Y sin saber como yo mismo muero cada vez que recuerdo que tus palabras son un sueño y tus recuerdos mis mas preciados obsequios recibidos por la vida. Pero esta habitación sigue vacía y acompañada del silencio de la luz de una vela, y mañana no llegará otro día, pues desde que moriste yo dejé de avanzar dentro de mi propia vida.

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