jueves, 22 de septiembre de 2011

En el espacio

 Saltar al espacio, perder la voz. Que en un segundo la nada dominante del espacio infinito descomprima mi cabeza y mi cuerpo, empezando por los ojos, haciéndolos reventar, y terminando por mis intestinos; y que entre cada explosión haya un milésima de segundo de diferencia, pero que yo la viva como una eternidad insufrible. Tras tanto y tan poco tiempo, nada... puro silencio, una vida efímera, un nada dentro del todo, ese algo que está ahí -en forma de sustancia orgánicas muerta, antes formada, ahora... desecha- que quedó como una insignificante parte de un minúsculo grano de arena en medio del universo, eso fue esa vida. Esa vida que ahora ya no dice nada, esa cabeza que ahora descansa o ni si quiera eso, pero que no siente; que al fin está muerta por decisión propia.

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