Llegué a aquel desierto y pude escuchar y ver a lo lejos como un puñado de hombres y niños jugaban a un extraño juego para mis ojos, pero lo peculiar no era en si el juego, sino que en las piedras de alrededor estaban sus armas apoyadas, pues estaban en guerra. Pero sin embargo sus caras no lo transmitían, salvo por sus heridas.
Allí me quedé sentado viendo esa imagen tan feliz rodeada de miedo y dolor. Pero al rato y de buenas a primeras empecé a escuchar ruidos de motores, un sonido atroz, y todos cogieron sus armas, vieron aparecer a 6 carros de combate y minutos después no quedaban mas que cuerpos muertos tendidos sobre la tierra rojiza manchada de sangre...
Tras esa escena seguí mi camino hacia donde me condujese el instinto.
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