miércoles, 3 de abril de 2013

Te lo cuenta el viento

 Andaba lentamente por la acera, pasé a la carretera y pasé por enfrente de aquel bar tan de mi infancia. Me inspiró un poco de añoranza y como últimamente no me gustaba mucho mi vida empecé a volar. ¿Cómo? Pues volando. Comencé a avanzar mientras me despegaba del suelo. La gente miraba asombrada pero yo ya estaba cansado de esconder mi secreto, de aguantarme ante el mundo frente al que tengo que vivir. Sí ya pasaba de pensar en qué podría pasar, y no, no lo hice para que la gente me mirase asombrada y me admirase. Esa fase ya pasó y la reprimí. Ahora sencillamente quería ser yo mismo y hacer lo que me apeteciera, por eso subía por las escaleras imaginarias de mi barrio a medida que saludaba a los viejos inquilinos de los diferentes pisos. "Buenos días", "Qué le aproveche", "Bonita estás hoy, Marisa". No me fijé mucho en sus reacciones, no quería descentrarme, así que seguí subiendo. Notaba el fresquete, pero total si puedo volar como no voy a ser capaz de aguantar esas temperaturas, el descenso de oxígeno o la variación de presiones. Y bueno, sin mucho más de por medio llegué hasta las nubes y me quedé dentro de una, perdido, sin ver más que blanco. Y de buenas a primeras fui feliz por que en un instante fui completamente ignorante. Justo entonces, de un chispazo sonoro pero no desagradable, amarillo eléctrico pero no agresivo, desaparecí; sin molestar a nadie.

No hay comentarios:

Publicar un comentario