Absurdo... No es absurdo. Y en silencio avanza alimentado por mis errores la quemazón por mi faringe. Por culpa de un par de mentiras empiezo a odiarme y por miedo me quedo inmóvil, por miedo a la perdida, al dañar lo que nunca quiero que se dañe, por no haber pensado en todo... Aaag¡ Y como única solución que encuentro es gritar al cielo y... a ratos despreciarme...
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