Es el lugar de una vida, una vida normal y corriente, y por consecuente especial.
martes, 17 de mayo de 2011
Cielo y tierra sin ser sueño.
Cierra los ojos y apareces en el cielo. Pero no te preocupes, no estás muerto, simplemente te encuentras flotando sobre las nubes. Aquí tu cuerpo apenas pesa, ya que tus preocupaciones quedaron abajo. Ahora mismo tu único objetivo es sentir, percibir, observar y soñar. Tocas esas nubes húmedas y frescas, juegas con ellas, las moldeas; poco a poco estás creando un hoyo, que termina sirviendo de escotilla, una escotilla que abre tu vista al mundo, pero a una vista diferente a la habías tenido hasta ahora del mundo. Te invaden los sentimientos de vértigo y de euforia. Por el primero se te entrecorta la respiración, sientes la boca reseca y te tiemblan las extremidades. Por parte de la euforia gritas, se te abren los ojos como platos y se te llena el alma de fuerza a la vez que se te hincha el pecho. Sales por el pequeño agujero. Te mantienes agarrado boca abajo y sujetado con las manos, como si de un escalador profesional tratase. Justo después de sentirte murciélago encoges las piernas y te impulsas hacia el suelo. Vas acelerando a cada segundo que pasa, vas rompiendo los tejidos invisibles del aire y la atmósfera que te rodea comienza a cobrar un color rojizo. No puedes diferenciar nada, tus ojos solo llegan a captar un cúmulo de colores que se mezclan como ráfagas. De repente, con un sonido líquido y suave, entras en el mar. Abres los ojos y estás en medio de una plaza, rodeado de gente y mojado completamente de la cabeza a los pies. Coges aire, cierras los párpados y tu cara muestra una expresión de tranquilidad y de satisfacción.
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