Acabo de llegar a toda velocidad sobre aquel vehículo que aprendí a utilizar aquí, en este lugar. La suelto en cualquier sitio, sin atar, y lo primero que hago es quedarme alucinado con la vista que me acabo de volver a encontrar. Ese lienzo que se transforma cada segundo para mi gozo, convirtiéndose cada segundo en una hora. Hoy me ofrece un cielo nublado que tan solo deja paso a algunos rayos de luz privilegiados, que parecen abrazar las nubes y que alcanzan a acariciar superficies del mar tan alejadas de mi que ni llego a divisar. El mar está bravío, oscuro, pero dejando justo en la orilla mucha espuma que te invita a jugar, y yo no hago más que salir corriendo, que dejar huella en la arena. Y me acerco a saludar, saludo a Poseidón , al mar, y me acerco a tocarlo, a conversar. Jugamos al pilla-pilla y me transporto a un maravilloso lugar que por desgracia cada día se aleja más. Pero eso ahora no importa, pues tengo mucha espuma que perseguir por la arena, y tantos saltos que doy, y me acerco decidido a la muralla de tierra, con fuerza salto y sin miedo alcanzo la cima, pues que más da si caigo si tengo la arena abajo y esto es un juego, nada más. Salto a otro saliente y me paro a observar, otra vez lo mismo, otra vez el mar y está otra vez especial... Decido volver a por mi caballo, pero esto no ha terminado, ahora toca visitar a aquel banco en el que vi tantas estrellas fugaces, en el que disfruté con mi padre, aquel en el que pensé, en el que lloré solo, en el que siempre me imaginaba con algún amor de verano... y sobre todo al cual ahora estoy llegando, y al llegar diviso esta alfombra de flores natural, todo verde, blanco, amarillo y poco más. Y ¿qué toca ahora?, pues ahora toca jugar con el viento. Me subo al banco y veo como planeo, como vuelo, y en ese trayecto sobre el cielo me encuentro con gaviotas aparentemente torponas, pero que son capaces de aguantar en el aire sin mover un ápice sus alas. Desde aquí arriba veo un trozo de caña, ¡pero qué digo! si es mi espada de la infancia. La empuño y lucho contra todos aquellos que me rodean, escucho como corta el viento (avanzo y retrocedo) y veo como en cada corte rajo la tela del tiempo y vuelvo a mi infancia... Terminada la batalla, como no, victorioso pero sin víctimas, convertido en colega de mis enemigos, lanzo mi caña al cielo y surca los vientos... Ahora mismo soy yo, soy yo hace años y sigo viviendo miles de cosas en esta playa, en este banco. Y solo me ronda una frase por mi cabeza:
``¡Mereció la pena!´´
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