domingo, 24 de abril de 2011

Agridulce sueño

 Montar en el coche, con una emoción que se nos sale por las orejas. Y al cerrar las puertas vernos inmersos en una situación un tanto tensa, pues al llevar las manos en el volante y la vista en la carretera no podemos desenfrenar aquello que queremos gritar, y el viaje se nos va haciendo largo, aun que dure tan solo un cuarto de hora.
Al fin llegamos al destino, la plaza de garaje, salimos a la vez y nos miramos por encima del coche con una sonrisa nerviosa e ilusionada. Nos acercamos corriendo y nos empezamos a comer la boca antes de tiempo, pues hay un vecino un tanto chapado a la antigua que nos llama la atención, pero seguimos nuestro camino hacia dentro de la casa. Cuando al fin llegamos a la habitación nos quedamos mudos, paralizados, mirándonos a los ojos y nos acercamos lentamente escupiendo calor por la boca. Con el primer beso nos envolvemos de una atmósfera que comprime nuestros cuerpos haciendo que se unan cada vez más. Nos comemos la boca de mil formas diferentes, nos metemos cuello hasta que tocamos hueso y no queda carne. Terminamos en la cama, nos revolvemos y empiezan a volar harapos como si de unas rebajas se tratara. Envuelvo tu cuerpo en besos, en lametones, en caricias... Después de todo esto y sacando un condón del cajón de la mesilla de noche follamos hasta estar bien sudados, hasta estar bien cansados y hasta darnos cuenta de que en la primera vez no todo sale bien, pero demasiado bien nos ha salido esta.
Estando descansando mirando al techo con tu cara y tus brazos apoyados en mi pecho decido echar un ojo al reloj, y veo que faltan 5 minutos para mi regreso. Cojo y lleno de furia me lanzo sobre ti, te quedas algo sorprendida, pero entonces me empiezas a responder con más ganas de las que yo había puesto.
Al vestirme te dejo en la cama, te doy un beso, una caricia en la cara y me largo sigilosamente cerrando las puestas con cuidado.
Llego al puente más cercano, sonrío y se me caen las lágrimas, tu estás igual, pero decido quedarme con el recuerdo de la nube de la que vengo a recordar que no nos veremos más.

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