miércoles, 20 de abril de 2011

El tocar la miel y volver a la sosa tostada

 Se me llevaron a un lugar mágico, al cual pertenecemos, me llevaron a la naturaleza, a vivir allí de verdad, sin demasiadas cosas traídas de la ciudad. Todo se volvía mágico, mi cuerpo se encontraba a gusto, envuelto en tierra, no suciedad; sintiendo el provecho del día, no cansado; estando cerca de las personas, no rodeado de ellas; y como se sabe el cuerpo se adapta muy bien a lo bueno, y más si es a donde pertenece. Aquello era místico, mágico, y más en este caso... Pero tuvimos que volver, tuvimos que reinsertarnos en la ciudad, en lo artificial, en la falsa comodidad, en todos los malos pensamientos, en lo impersonal, en el odio sin sentido, en el no poder sentir por que hay una capa de cemento de 20 centímetros que me aísla de mi verdadera tierra... por eso odio tanto la ciudad... y principalmente después de estar en contacto con la naturaleza... Ahora mismo simple nostalgia desprende mi cerebro y mis arterias riegan mis células con ella...

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