- ¡Cuánto tiempo ha pasado! Menuda alegría encontrarnos.
Ella que había estado con él por la mañana no entendía muy bien la situación. Se rió y le contestó:
- Ya lo sé, es que 6 horas sin vernos parecen un siglo.
Entonces el muchacho, sin reaccionar ante su comentario, le cogió la cara con una mano, se quedó muy cerca suya mirándola fijamente y mientras le temblaban los ojos le soltó con voz quebrada:
- Pensaba que no volveríamos a vernos...
Y justo en aquel instante ella, su amiga, comprendió que nada era una broma y encontró el sentido a los nervios y al cariño impetuoso que le mostró durante la mañana .
Y ahora, y ahora, era ella quien por él lloraba.
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