Llegó el día, el momento decisivo, ese instante que hace tanto que tuvo que haber pasado. Llegó y estábamos allí delante -bueno, en realidad no llego, lo traje- y justo antes de que ocurriera, de que pasara aquello que determinaría el antes o el después, justo entonces se pasaron todos los nervios, el cosquilleo del estómago y el resto de síntomas de histeria. Y en ese milisegundo mi cerebro desconectó y se fue a pensar qué había después del universo y me sentí inferior y me perdí entre nada y a la vez entre todo.
Y ahora volví, vuelvo a estar en el presente y me pregunto o simplemente deseo volver a ese futuro.
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