Quiero hablar de tantas cosas y en realidad de nada porque no me he parado a pensar en nada. Llevo cierto tiempo pensando que no me paro a pensar demasiado, que cada vez nado más por la superficie, por ese camino que transita la mayoría de la gente. Es un camino más ligero, con menos dificultades, parece más sencillo pero, la verdad, esa presión que ejerce el océano sobre un cuerpo cuando bucea y profundiza es inigualable. Servir no sirve para nada, supongo, pero a veces prefiero ese relativo sufrimiento que me hace ver más allá del horizonte marcado por el mar a estar allí avanzando según manda el que va en cabeza. Me gusta tocar el fondo, observar los peces, los corales, me gusta coger aire sumergirme con los ojos cerrados y entonces mirar el cielo teniendo el agua como cúpula...
Jaja, y sin embargo sigo aquí, permanente, enredado en estas redes invisibles, intangibles, engañado en mi propia mentira y alimentado por mis excusas y mi falta de humanidad. Aquí sigo, enfrentado en esta discusión constante conmigo mismo en la que mientras sigan sin zanjarse seguirá ganando ese lado que parece el malo (contra el que estoy, sin embargo, con el que diariamente me ligo)
No hay comentarios:
Publicar un comentario