miércoles, 6 de marzo de 2013

En medio del salón

 Estaba sentado en la silla frente al ordenador, en medio del salón con la tele encendida, su ruido atacando y la cocina recordando que la vida seguía tan monótona como siempre.
 Entonces decidí encender mi cigarro, ese cigarro que siempre va conmigo y que nunca se acaba. Lo coloqué entre mis labios y comencé a inspirar. Se calmaba mi cuerpo, disminuían las pulsaciones, la realidad se desvanecía. Terminé reposado sobre la silla, siendo esto lo único que quedó a mi alrededor por que me había transportado a la oscuridad visible, donde veía nítido. A mi alrededor tan solo quedaba nada, el humo invisible rodeaba mi ser y junto a el bailaban mis pensamientos, a los que observaba tranquilo sin problemas pues ya no estaban dentro de mi. Yo tan solo era un espectador pasivo e inactivo del espectáculo de mi propia y sufrida magia...
Sonó ese: "vamos a cenar". Tan típico de mi padre y sentí un tirón que me devolvió con un golpe al mundo sensible en el que vivo.
Tal vez a veces desee mantenerme como aquel muñeco sentado en aquella silla que por alguna razón no desaparece.

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