miércoles, 27 de marzo de 2013

Buenas noches

 Te despiertas sin saber muy bien por qué, con la respiración acelerada acompañada de unas ansias de encontrar algo. Te levantas acelerada, te pones un sujetador cómodo te vistes con lo primero que pillas. Miras con el ceño fruncido la hora en el móvil y lo lanzas contra la cama. Sin perder un segundo sales a prisa hacia el coche, te metes en él y coges la autopista. Nunca has ido tan rápido, nunca has disfrutado tanto de llevar la ventanilla abierta, y en menos de 15 minutos llegas a algún lugar, al campo. Allí comienzas a subir la ladera y termias cansada cerca de un río donde te sientas a degustar al detalle tu entorno. Te quitas la ropa y la dejas a tu vera, notas un pelín de fresco, pero te sientes bien. Allí se despeja tu mundo y te quedas tu sola ante la hierba, sin problemas, despejada, y en ella empiezas a imaginar aquello que en el fondo realmente quieres, lo que te encantaría que formase tu vida en un presente inmediato. Aquello, en la hierba.

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