sábado, 29 de octubre de 2011

Tranquilo, relajado.

 Mi mano no se controlaba y en un despiste de mi cerebro deslizó la hoja por tu cuello, lentamente, separando con firmeza tu piel en dos, sin dejar que abrieras la boca, la sangre poco a poco brotaba de tu garganta, tiñendo tu ropa de rojo, manchando mis manos de sangre. Y mientras tanto tus neuronas percibían como se iban arrancando pedazos de los mismos y como poco a poco y de forma relajada estabas perdiendo tu vida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario