Me gustaría escribir una carta de despedida, sin dilaciones, sin dejar de decir nada por cualquier razón. Tras ello y con la mochil al hombro largarme a algún lugar. Sufrir por el camino, desear volver, arrepentirme, llorar; pero seguro que también estar más a gusto en general, por superar el plano, o simplemente por cambiarlo. La cuestión es que yo mismo me lo cuestiono.
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