Yo y yo en medio de la sala. Yo sentado en la silla mirándome, fijamente, con furia, clavándonos nuestras pupilas. Mientras que estoy de pie y me miro sentado me digo.
-¡Vamos joder! ¡ÉNCHÚFALO!
Y agarré con fuerzas el lanzallamas, en medio de aquella habitación amplia, salté encima mía y mientras me agarraba de la camiseta apreté el gatillo desintegrándome la cara, empezó despellejándose y cobrando colores marrones y negros, el ambiente se colapsaba de olor a carne y pelo quemados, los ojos se deshicieron, y poco después empezó a ocurrir algo parecido con los tendones y músculos que quedaban adosados a mi carabela, dejandola al descubierto entre llamaradas desbocadas. Mientras me quemaba la cara ocurría lo mismo en la mía y los dos gritábamos a más no poder. Quedaron dos entes sin vida tendidos uno sobre otro con todo su cráneo al descubierto, quemado y con pedazos de carne semiderretida engarzados a ella. Las ropas estaban chamuscadas, el lanzallamas junto a ellos y todo ese lugar estaba velado por el olor a muerto calcinado, un par de muerto que solo eran uno y que terminaron así, como tenían que terminar y como eligieron terminar. ¡SÍ!
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