Veo mi reflejo expresado en un cristal que me separa de la oscuridad y el frío exterior, me encierra lejos de la realidad o de mi libertad y me guarda en un lugar de luz artificial, silencio obligado y temperatura controlada. En este ambiente me miro a mi mismo y me reviso: cada vez pesan más mis compromisos porque yo soy más débil, mis ganas e ilusión por jugar menguan, la inestabilidad emocional se mantiene y mi cobardía y pena crecen.
En realidad no estoy estoy encerrado, la verdad es que estoy aquí dentro porque quiero y porque yo he decidido meterme en este agujero, porque tengo miedo a enfrentarme a lo de fuera o a luchar con las adversidades que me encontraré por el camino para salir.
Silenciando los gritos del cobarde en la perpetua soledad de una sala de estudio acompañada de gentes.
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