jueves, 25 de diciembre de 2014

A veces se hace tarde, menos para soñar

 Ahora mismo, sin que ni tú ni yo lo sepamos, yo te digo que me da lo mismo como escriba, que me da lo mismo lo que esté ocurriendo fuera y que ojalá me la pelara el futuro. Te prometo que desearía que estas teclas fueran de piano y que también desearía que nunca acabara esta música que abraza mis oídos. Pediría a Dios si existiera que me permitiera soñar con esos proyectos de maravilla que cosecho y cuido en mi cabeza, cómo se que no puede ser me drogo a base de música y de esfuerzo para alcanzar aunque sea en la cabina de la imaginación aquello que veo imposible y hermoso. Sueño despierto con encontrar esa canción perfecta, con disfrutar a tu lado de las mil y un situaciones que aun estoy buscando de forma estúpidamente teórica y sí, algunas pueden ser más maravillosas de lo que lo vayan a ser las reales. También sigo haciendo correr a mi mente con otras mentiras como ese vieja a lo largo de esas maravillas que me he dedicado a ver cobardemente desde una pantalla sin atreverme nunca a dar el paso. Con esa vida de carretera de caravana, con esa otra de caminante de a pie al rededor del mundo... También he ardido en deseo volando por esa vida de casa propia, a solas donde disfruto del disfrutar y punto, donde las cosas encajan desencajando y donde ni molestaba ni me molestaba nadie, donde yo solo con mi mismo vivía perfección. Como no, he pensado en escenas de cama increíbles contigo, que no con cualquiera, aunque tú no seas siempre la misma.
He soñado con mil millones de imágenes más que ni recuerdo, que no voy a recordar, otras que retomaré e incluso con alguna que viviré y sabes qué, que a pesar de todo ahora mismo podría caer muerto porque mientras escribo, escucho y sueño estoy volando, aunque sea bajito y sin tener cadenas que me aten a nada de mi vida.

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