lunes, 15 de septiembre de 2014

Mil historias de autocrítica

 Pudiendo rellenar infinitas páginas de papel prefirió aprender a desprender y olvidar la mayor parte de su vida, en especial aquel capítulo manchado de su propia sangre en el que decidió sellar consigo mismo su destino rematado con lacre. No decía nada de ello, tan solo conservaba un destello color miel en los ojos que cada día al mirarse al espejo le hacía recordar como de lejos se le quedaba su vida y como de falso se sentía a si mismo.

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