Comenzaron a sonar las teclas del piano pulsándose cada vez más rápido como si una pareja apasionada corriese bajo la lluvia disfrutando de aquel momento y en lugar de baldosas tuvieran piezas de marfil bien afinadas... y en medio de ese baile improvisado comenzaron a emanar recuerdos de manera desenfrenada: carreras, juegos estúpidos pero tan divertidos... miradas, besos, abrazos, abrazos y abrazos...
Y sencillamente fue un recuerdo mágico.
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