Alguna vez nació un niño a la luz del sol entre las hierbas de un prado verde, en plena primavera. Abrió los ojos y lo primero que vio fue la luz del sol que le daba la vida, pero por desgracia fue encerrado en un lugar oscuro y hostil. Pasó su vida con el único contacto de su padre y como distracciones, juegos artesanales y clases donde aprendía conceptos para él inútiles, aunque esto él nunca se lo había planteado.
A los diez añitos salió a celebrar que llevaba tantas rondas solares con vida, vio de nuevo aquella luz llamada natural, los colores cálidos del astro sol, las ondas que sus ojos recogían en un campo de cientos de tonalidades y ante la cual su piel se estimulaba. Sintió algo increíble, se sintió lleno, rebosante, semicompleto en equilibrio y en paz... Después de ese día que ni en sus sueños hubiera alcanzado vivir, no paró de soñar con él y de pensar en él. Se acostaba con esas imágenes en la cabeza y al despertar rememoraba todo lo sentido. Él sabía que su vida era como era y que seguiría así, pero también confiaba que un día así volvería, pero mientras simplemente seguía con su (para nosotros) triste vida (pero que para él normal).
Cada década que pasaba revivía un día como tal y su vida transcurría increíble, él se sentía maravillado. Su padre murió y el joven quedó ``libre´´ y ahora comentan que comenzará su nuevo viaje.
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