Mojado en la puerta del porche charlaba completamente relajado y sumiso con mi madre tras despejar en el mar todos aquellos sentimientos corrosivos que me quemaban por dentro. Me sentía genial, feliz, sentía querer a mi madre y sentía como las palabras casi rebosaban por mi boca y sin embargo, no se muy bien por qué, me las tragué hasta no dejar rastro.
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