Tres cuchillas predispuestas de igual forma que las del personaje ficticio Lobezno. Pero estas son reales, acero inoxidable agarrado a tu mano y a tu antebrazo.
Se lanzan sobre tu pierna derecha, el muslo, lo atraviesa, te quema, corta los músculos, fibras, arterias, venas... Comienza a emanar sangre de forma desproporcionada a los tres centímetros de longitud de cada una de las tres heridas. Sigues profundizando, tocas hueso, sigues aumentando como una bestia la fuerza, y la cuchilla no lo parte sino que se desliza hacia el lado a una velocidad tal que termina de atravesar tu pierna.
Tú rostro que muestra desesperación y locura, enseñando todos los dientes con una sonrisa y con los ojos deseando salir de sus cuencas.
Terminas riéndote a carcajadas.
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