He vuelto a entrar en el laberinto. Perdido. Me he dejado resbalar hasta el fondo de sus entrañas. No hay nada. Un silencio aterrador, dolor, ausencia, infinitud de pantallas que no muestran nada, que destrozan mi mente.
Horas sin salir de la cama de nuevo. Tareas no ejecutadas de nuevo. Total desconocimiento del fin, de nuevo. Un cable enrollado a mi cuello como algo nuevo. La idea de suicidio de nuevo.
Es posible que se mezclen la total ausencia de ganas de trabajar, esa flojera y vagueza asquerosa, con la ausencia de querer hacer nada. Nada de nada. Extraña apatía que aún no entiendo.
Y quiero salir, porque dentro de esta sensación de apatía me siento mal. Es posible que me siente mal por ele hecho de tener obligaciones, de no cumplirlas, de decepcionar, de hacer daño...
Es posible que esté haciendo lo imposible por salir del laberinto. También es posible que no lo esté haciendo y que esté dejándome llevar conscientemente hasta el límite que creo es mínimamente sostenible mientras espero que suceda un milagro. Sinceramente no lo tengo claro. Pero no quiero estar aquí, quiero salir, quiero sentirme bien, quiero hacer, quiero avanzar.
Estoy hasta los cojones de charlas de autoayuda, de pajas, de videos infinitos que me consumen, de dormir por apaciguar el dolor del vacío. Estoy hasta los cojones de no apoyarme en nadie, de hundirme de no ser sincero, de no poner remedio.
Y no sé por qué estoy aquí de nuevo. En este lugar conocido, cayendo en mis propias trampas.
Y lo peor de todo. No he aprendido a salir.
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