Rastrero, amigo, ensuciaste, guillotina, fronteras,servidumbre, extrema unción y luz.
Pensé en una frase para entretener y rellenar mi tiempo evitando así su derroche absurdo. A medida que avanzaba en mi nuevo propósito fui descubriendo que no contenía este conjunto de palabras el nombre de ningún amigo. No era importante tan solo destacable, y por desgracia o por suerte común. Yo me había entregado hace años a la servidumbre de mi propio ser. Yo solo por mí y hacia mí mismo. Era una costumbre para muchos de hombre rastrero pero aprendí a disfrutar de lo más importante para cada uno, que no es más que uno mismo. Mi frase, como era de esperar, versaba sobre mí pero sin que se notará. En ella había un bello paisaje con luz de calma que bañaba cada mechón de hierba que poblaba los prados y caminos, había animales y seres fantásticos que versaban solo y únicamente sobre mí mismo y no me cansaría de repetirla ni de decirlo. Yo, mí, me, conmigo. Me encanto, me encanta. Nunca supe poner fronteras a mi amor por mí mismo, sería imposible pararme los pies, eso sería como pedir la extrema unción para un joven y sano muchacho, absurdo.
Después de todo terminé y olvidé la frase. Creo que fue porque te dejé pasar y nada más entrar ensuciaste la perfecta desarmonía que componía mi espacio conmigo. Yo soy yo y mi circunstancias; no tú, tú no apareces por ningún lado, en ninguna parte y no te creas que perteneces a ese reino de mis circunstancias. Ah, ya no recuerdo de que iba la frase, si recuerdo que adoraba no separar en párrafos y tener una abrumadora masa de errores, fallos faltas y excesos. Recuerdo eso y que la frase terminaba con una cabeza, que seguro que era la mía, desprendiéndose de mi cuerpo gracias a una guillotina.
Fabuloso
No hay comentarios:
Publicar un comentario