Odio a las mujeres con su físico atractivo, su piel al aire, esa manera seductora de andar y sus descuidos a propósito. Odio a las mujeres porque me obligan a estar pendiente de ellas, crean en mi una excitación inoportuna que resulta se va desarrollando a irreal a medida que disminuyen las distancias. Odio vuestras siluetas de espalda.
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