lunes, 18 de mayo de 2015

Formación de roca

 Recuerdo que una vez leí un texto buscado para mi en el que me advertían sobre una problemática que podía acontecer a mi futuro. La historia hablaba de una enfermedad, una enfermedad del corazón. En este caso no se trataba de un trastorno rítmico ni de fuerza, sino de su endurecimiento, no físico sino metafórico. Yo por aquel entonces no temía mucho a esa patología, era un niño muy sentido, emotivo y que las cosas le calaban, tal vez demasiado, y por todo eso me despreocupé. Hoy, ahora que sigo siendo un joven mocoso (aunque me crea pardillamente un adulto) pero con barba y un pelín más de trayectoria me estoy dando cuenta de que cada vez estoy más muerto y cada vez soy más una roca. Esto quiere decir que cada vez menos cosas me hieren, menos cosas me molestan, más puntos de vista distintos puedo tolerar... y también significa que me duele menos el dolor ajeno e incluso el propio, que me resbala la problemática de mi entorno, el conocer, la curiosidad... Parece que uno termina siendo una carcasa de sonrisa puesta por defecto que sigue haciendo mucho de lo de antes por pura inercia pero sin aquel fuego interno que alimentaba a la máquina, máquina que por ende terminará quedando petrificada.

No hay comentarios:

Publicar un comentario