No me gusta Halloween, en ocasiones lo odio cuando se celebra en España. Mis razones son que no me gusta que se haya cogido una fiesta extranjera y se celebre sin saber porqué y sobre todo sin que tenga que ver con nosotros, al margen de que me da mucho coraje que tenga que ser una fiesta inglesa ó/y americana que parece que es una cultura de la que no paramos de copiar y que nos está borrando nuestra identidad, mejor dicho, con la que nosotros mismos nos estamos quitando nuestra identidad. Total, que a mi parecer hemos cogido una excusa para organizar fiestas para mi absurdas en este país. Y para aquellos que se consideran amantes de esa cultura pues creo que en general no celebran todas las fiestas que deberían celebrar, pero bueno, con lo dicho hasta ahora la gente puede estar más o menos de acuerdo, lo cual me la suda, ahora sí, lo que realmente me duele es ver toda la movilización que existe por esa puta fiesta exógena a nuestra cultura y que se esté olvidando nuestra verdadera costumbre: aquella de pensar en nuestros acompañantes de vida que dejaron este mundo, de recordarlos e incluso de visitarlos y dedicarles al menos un tiempo en nuestro interior como probablemente se merezcan. Esa es la fiesta que yo conozco, que yo defiendo, que yo admiro y comprendo y es por la que siento tristeza al ver que en el día dedicado a esas personas quienes deberían estar dedicándoles un momento en vez de hacerlo se entretienen subiendo fotos, comentando la party de anoche, recogiendo disfraces que los maquillaban de falsos y recuperándose de la resaca que han decidido asumir ese día de nuestra fiesta.
El muerto al hoyo y el vivo al bollo (por lo visto) y lo de una vez al año no hace daño nos lo pasamos por el forro.
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