jueves, 2 de mayo de 2013

Tres personas y un escaparate.

 La cámara de aquella extraña calle lo grabó todo.
Un escaparate exótico compuesto por una pared de blanco impoluto sobre la que se agarraban dibujos de enredaderas modernistas color negro, en medio había un sillón de cuero marrón oscuro que pisaba la piel majestuosa de una cebra hembra. Encima del sillón había un chaval joven algo atractivo, semifuerte, con el pecho al descubierto y un pantalón ajustado de color beige oscuro. A cada lado de él, sentadas de manera sensual, se encontraban un par de jóvenes despampanantes, de grandes y firmes pechos, con el peso adecuado y un culo y una cara sexys; una rubia y la otra morena, ambas vestidas con sujetadores y bragas de lencería negros.
Esa era la imagen inicial grabada por la cámara y por la memoria de los transeúntes que vagaban por las aceras.
Esta escena se convirtió en movimiento. Las dos mujeres acariciaban sensualmente la una a la otra, abriendo un poco sus labios pintados de rojo y mostrando gestos típicos de un calentón. Se acercaban entre si, colocándose sobre el regazo del joven impasible mientras se besaban intensamente, con pasión. A él también lo metieron en el juego, comenzaron a deslizar las manos sobre su torso, sobre su cara, sobre su paquete. Lo besaban y se besaban los tres, a la vez, y por turnos. Se escuchaban las respiraciones algo agitadas. La rubia desabrochó su sujetador y lo dejó caer suavemente dejándose así ser palpados y comprimidos por las otras manos, chupados, lamidos, incluso mordidos con cuidado. Su compañera morena hizo lo mismo. Ya las dos dejaban volar gemidos gozosos sin amor, únicamente con placer. -Y las gentes de las calle no se inmutaba, algunos se paraban algún momento a echar un vistazo para después seguir su camino.- En el hombre se más que intuía un empalme rígido alimentado por el roce exagerado de las vaginas calvas. Las compañeras descendieron sus dientes hasta el cinturón del pantalón, lo quitaron y una vez ahí, arrodilladas, bajaron sus bonitas bragas, quedando totalmente desnudas. Se tocaban un poco, tanto solos como entre ellas, mientras jugaban sensualmente con su pene escondido bajo los boxes. Con la yema de los dedos fueron replegando la tela a la par que disfrutaban de las tersas caricias regaladas por las manos de ese  hombre  sobre sus cabezas. Cuando bajó lo suficiente la chavala morena comenzó a chuparle la a la vez que la otra la esperaba al lado. Se iban turnando. Él las acariciaba, ellas se acariciaba y y viceversa. Sus rostros no transmitían amor, tan solo placer y el de él casi ni eso. Después de mamarla comenzaron a follárselo, por turnos y sin condón. Ya gemían de manera exagerada, mordiéndose el labio, apretándose los pechos, implorando a Dios y soltando insultos. Expresando el placer carnal de mil maneras hasta que explotaba en forma de eyaculación y multiorgasmo. Terminaron bien satisfechas y él... también se había corrido.

Al relajarse, descender las pulsaciones y el ritmo de respiración se marcharon como si nada y las gentes no se inmutaron, pues el sitio donde ocurrió no era este, ni las gentes presentes las de tu alrededor, y lo más impresionante: el sofá y la alfombra seguían en su sitio y el cristal no se había empañado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario