lunes, 2 de julio de 2012

IAC, menuda historieta ee

 En frente del deseado destino e incapaz de conseguir acercarme ni un centímetro más a él.
 En realidad ni si quiera estaba del todo seguro por qué razón quería alcanzarlo. Bueno, sé que hubo un sueño...
 De todas formas estoy cansado de pensar, así que salgo corriendo hacia la valla metálica, de un salto me engancho y veo como en la torre alguien pulsa un botón. Se me dilatan las pupilas, se que ese botón sirve para electrificar el metal, así que me suelto y muerdo el polvo. Salgo corriendo, ya me han detectado, y hullo lo más rápido posible hacia los árboles mientras siento detrás de mi como impactan contra el suelo levantando hileras de polvo las balas disparadas por un rifle Barrett M107. En las sombras de estos frondosos árboles llenos de musgo consigo coger aire y pensar otra estrategia, pero ¿como puedo llegar ahora? Veo que más a la derecha la vegetación se extiende hasta la valla. Listo. Tiro mi bolígrafo, ese que me regaló mi abuela y con el que tantos papeles rellené de sentimientos. En cuanto toca la alambrada capta la atención de todos y me introduzco de un salto entre los matorrales que localicé antes. Bien, ya estoy más cerca. Aquí es difícil moverse sin claverse las espinas dispuestas en modo defensivo, pero aun con todo el cuerpo decorado por caminos de sangre y la ropa echa jirones estoy dispuesto a cavar y pasar por abajo. Por suerte los animales ya han empezado el trabajo y tan solo con un par de horas excavando consigo alcanzar el otro lado. - Me llama la atención que no se preocupen por que no haya vuelto a aparecer, parece que están acostumbrados a los ataques y saben expulsarlos de forma eficiente. Jaja, no me conocen-. Atravieso el diminuto tunel, en un momento me quedo atrapado y a causa de la claustrofovia se me acelera el pulso y siento como no puedo respirar, mis piernas se mueven tan rápido como nunca y antes de vomitar por la angustia consigo deslizarme. Uf, odio no poder mover los brazos. Ya dentro me muevo lo más sigiloso que puedo apoyándome entre las cajas que encuentro por medio, siempre a gachas. Al fin llego al lugar que buscaba, una carpa de tercipelo diseñada con multitud de colores eléctricos y llamativos, aunque con algunos dibujos encantadores dispersos entre las líneas, recuerdan al estilo de Klimt - eso dice mucho-. Allí, estando justo al lado de mi objetivo, de aquello que conducía mis sueños (o creyendo estar al lado), justo cuando estaba metiendo la mano entre las telas... siento un golpe seco en la parte trasera de mi cabeza y en menos de un segundo todo se vuelve turbio y termino con la cara rebotando en la tierra seca.
     ¿Y toda esta historia? Se puede decir que un fugaz sentir por una chacha por la que siento mucho, pero no es exactamente esto. Jaja, que bello sueño correteando a escondidas por los pasillos y los paseos de un pueblo y su hotel

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