De un arrebato y sin darse cuenta, de forma completamente espontanea e inesperada, sin previo aviso una chispa en su mente provocó una explosión instantanea, llevandolo a sacar el soplete y encenderlo con la piedra en menos de un segundo. Cuando tenía la lengua de fuego predispuesta y el utensilio entre las mano se dio cuenta de cuanto se le había ido la oya en un momento.
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