Mañana con nuevos amigos que cada vez son más amigos, un fin de exámenes, un poquito de tiempos pasados; pero sobre todo mezclado estaba con mucha felicidad. Más tarde médico y corriendo, literal y no literalmente, se vino encima una quedada con una amiga muy muy especial con la que echaba de menos echar un buen rato juntos. La quedada terminó con el mágico sonido de su guitarra y su voz, sus preciosas herramientas, que tienen la capacidad de calmar y evadir mi mundo y mi ser hacia otras dimensiones, que a veces son duras, pero necesarias para la vida. Después me perdí, que raro, pero descubrí por ello lugares de ensueño típicos de novelas de viajes... maravillosos. Un pelín más tarde cuando me encontré entre las ancianas calles de Sevilla fui a por el libro, estaba en esa librería, que no se puede confundir con una tienda, no, pues es una cámara de fantasía, de conocimiento, de historia y de historias... un lugar evocador. La tarde ha seguido con los niños autistas, aunque hoy ha habido problemas se ha seguido para delante, pues las personas no son perfectas pero lo más importante es que merece la pena, mucho, muchísimo. Ya tocaba ver a Marta, que también se la echaba de menos; hemos dado un paseo mejor que maravilloso por el entramado del centro de adoquines y de baldosas, lo terminamos con una pizza riquísima junto a la majestuosa catedral. y ahora estoy sentado en el suelo de la Avenida de la Constitución escuchando a dos músicos fantásticos, hermanos de otros países de habla británica. Música inspiradora del alma sale de sus instrumentos e historias inexpresables emanan -sin querer- sus azules ojos y sus ropas roídas... y aunque mientras escuchaba otros hayan intentado robarme la bici me siento bien, y encima: entusiasmado, tranquilo, a la par que avivado, maravilloso...
Sencillamente maravilloso.
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