Encontrada hundida en un recoveco de la calle Sierpes, parecía bonita, de muy buena presencia, y ya en el pasillo de la entrada sentí algo, era la añoranza de la infancia, aquella en la que me empezó a interesar un poquito el mundo y en la que me bebía las enciclopedias de animales, como las que me encontré en ese pasillo, de pasta gruesa, dura y de dibujos realistas. Seguí avanzando , atravesé la puerta de cristal y llegue tras varios pasos a un ensanchamiento circular del calmo pasillo de mármol, un poco más adelante una sala inmensa llena de libros , de sabiduría, de historias, de sentimientos, de todo... es hermoso, bello, evocador; me colapsó el cerebro.
Seguí caminando, subí unas escaleras y vi la sala de antes desde arriba... era un teatro, con su escenario y su sala de butacas, todo lleno de libros, de vida, de vidas, de personajes, de personas, de fantasía, de poesía, de tragedias... era maravilloso no sé como describirlo soy demasiado inculto y leo demasiado poco. Pero allí arriba, en el palco (que parecía el séptimo cielo en aquel momento) se encontraba el libro buscado, la historia y el regalo.
Un lugar maravilloso, mágico, evocador y está tan al alcance de la mano que lo había despreciado
Gracias cultura, gracias (Don) José.
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