Es el lugar de una vida, una vida normal y corriente, y por consecuente especial.
martes, 21 de junio de 2011
Persona y anillo
Comenzó un día, no uno cualquiera, sino el primer día de ``vacaciones´´ de mi decimosexto solsticio de verano. Hasta entonces todo era perfecto. Un simple y estúpido hecho que le ocurre a cientos o a miles de personas al año. Me cabreó mucho, me enojó, sacó de mi asquerosos sentimientos y deseos, y para aliviarme me puse a pensar en alguien, y en este caso apareciste tú en mi mente. No sé porqué, pero en mi cabeza entro la imagen de un anillo, no definido, simplemente un anillo, que sería tu regalo. En la ducha entró esa idea en mi cabeza, se aferro y enganchó con la mayor fuerza que yo había sentido en mi vida. Esa misma noche cogí mis piernas y las puse en marcha. Ese día cambió mi vida. Me puse a buscar joyerías, pero ninguna me valía. No quería un vulgar anillo de diamantes o piedras preciosas que fuese tan exclusivo que ni los reyes pudieran comprarlo, no quería un anillo de una diseñadora que fuese único en el mundo, no quería un anillo de un mercadillo especial perdido en el tiempo, ¡No!. Yo necesitaba encontrar tu anillo, y decidí crearlo yo mismo. Investigué en las ciudades, en las empresas, en boutiques... ninguna me daba la solución y mi espíritu, de mi interior, salió un impulso, una sensación que ya nunca se iría. Era algo que no conocía pero me indicaba a donde debía de ir y que debía de hacer. Este impulso me mandó a investigar por pueblos y aldeas, entre montañas y bosques, bajo sol y nubes. Tras meses de búsqueda y sin rendirme en ningún momento, llegue a un pueblo completamente perdido de la mano de nuestra ``evolución´´. Un hermoso pueblo como tantos otros que había descubierto en estos últimos meses, un lugar de ensueño por el que habría pagado y dado todo lo que tenía en mi vida por vivir allí, pero con lo que tenía dentro seguía mi camino dejando a cada isla mágica tras de mi. Andando y visualizando, avanzaba por mi camino y de repente, como ya ocurrió hace mucho una fuerza comprimió mi pecho, sabía que era una señal. Miré a mi alrededor y vi una puerta con forjaduras de metal, me arrastré hacia allí, llame a la puerta y escuché. Salió un gran hombre, fornido, con la piel muy oscura, decorada con trozos de metales depositados al trabajar con el hierro. Con la cara seria me miró fijamente a los ojos, su alma dio un par de vueltas por mi ser más interno y... se rió. Me dijo que me esperaba. Sucedían algunas cosas extrañas en mi vida desde aquel día, pero no me paraba a pensarlo, sólo recorría mi cabeza ese elemento circular. Pero bueno, después de reírse me dijo que me quitara la camiseta, me dio un delantal pesado y comenzó mi instrucción, no paramos hasta el anochecer. Entre nuevas técnicas y quemaduras él me iba dando datos de su vida, mientras yo le explicaba un poco por encima mi máxima ilusión. Él me admitió como aprendiz. Y a partir de entonces trabajé sobre 14 horas como mínimo al día. Durante muchos muchos años la rutina de mi vida era esa. Al principio me quedé en los huesos, pues solo trabajaba y empecé a tener problemas de salud, entonces comprendí que necesitaba descansar un poco y comer como un bellaco para poder alcanzar mi objetivo. Poco a poco mi espalda fue creciendo, mis músculos marcándose y aumentando de tamaño, los pelos de mi cara se alargaron, y los de mi cabeza igual. La piel fue tomando un color más oscuro con el paso de los años. Y terminé siendo un herrero, o más que un herrero un artesano de los metales, un moldeador de lo semilíquido, un mago del fuego y de los elementos minerales más naturales. A lo largo de mis años trabajando fui creando cientos de obras, que a partir del 10 año comenzaron a ser exquisitas, excelentes, majestuosas, pero ninguna alcanzaba la belleza que precisaba ella. Las obras que fui creando las envié a todas las personas que conocía, aquellas que desde hace tanto tiempo me separé de su vera, aquellas. Y la verdad es que sin saber como, pues al terminar los anillos me salía uno de esos impulsos inexplicables los cuales me daban 3 iniciales y una dirección, los fui enviando, y al cabo de un mes más o menos acudía a mi mente la imagen del receptor y su cara de asombro, veía como se ponían los anillos y era consciente de que ninguno de ellos se perdió. Un día mi maestro murió, sentí pena, pero otro sentimiento me embaucaba. Y de nuevo llamó la magia a mi puerta, me vi que debía de recorrer el mundo en busca de nuevos elementos para componer ese anillo perfecto para ella. Recorrí el mundo, durante 45 años, más o menos, pues perdí un poco la noción del tiempo. Durante este camino seguí enviando anillos y seguí notando impulsos, y sin saber porqué veía escenas de una vida desconocida rondando mi cabeza todos los días. Una noche bajo las estrellas pensé, pensé que en realidad yo no hacía esto por amor, que esto no era por una persona, sino por mi obsesión con los anillos, por que lo que yo en realidad amaba era eso. Pero no me desilusionó, simplemente seguí creando. Aunque la verdad es que seguía soñando cada noche con ella, aunque a la mañana siguiente no lo recordase. Creé uno obra, la cogí con mis dos dedos, la toqué y... lo supe, esa era la obra perfecta y de nuevo un calambre, o una tormenta eléctrica recorrió mi cuerpo. ¡Era su anillo!, era perfecto. Me di cuanta de que lo cierto es que era ella todo lo que necesitaba y por lo que yo hacía las cosas. Ahora solo tenía que encontrarla. Me dejé guiar por eso que me había guiado desde hace tanto tiempo, y entre eso y mi amor encontré, tras un año a ella. Pero no le dije nada, no me vio. Preparé un plan perfecto, la llevé sin que ella lo supiera a una playa, la más hermosa e indicada para ella, una desierta. Allí llegó y mientras observaba un atardecer me presenté tras ella. Había envejecido, pasado muchísimo tiempo y sin embargo le tapé los ojos, noté un olor especial y la sensación de éxtasis supremo y de suprema tranquilidad corriendo por mis manos hasta mi cabeza. Dije su nombre, le puse su anillo. Sus ojos no veían nada de verdad, ahora solo era puro amor lo que había a nuestro alrededor, en este anillo no había iniciales, sólo su nombre... Desde entonces fuimos las personas más felices del mundo... Y ahora, cuando estoy a segundos de morirme diré, te diré: ``He perdido toda mi vida, he desperdiciado lo que habría sido la mejor vivencia que ha existido sobre la tierra sólo por ti. Pero aún así sigo siendo el hombre más feliz de este, para mí gran conocido y desconocido, mundo´´.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Grache
ResponderEliminar