martes, 1 de septiembre de 2015

Relatos de noche buena

 Era veinticinco de diciembre y a eso de las 10 llegó a casa de la abuela uno de los nietos, por lo visto el más apuesto de la familia, pero este año, a diferencia de los anteriores no venía acompañado de sus padres, sino de un amigo. Esto sorprendió algo a la familia, porque algunos sabían que traería acompañante, pero pensaban que sería una chica. Cuando vio a su abuela le dio dos besos y le presentó a su acompañante como su amigo y se sentaron a la mesa. Durante la cena el desconocido resultaba un poco el centro de atención, los comensales no sabían como ubicarlo pero a medida que avanzaba la noche parecía quedar claro que era un gran amigo de ese nieto tan adorable. El nuevo resultó caer en gracia, le gustaba el fútbol como a la mayoría de hombres de la familia y se reía con ellos, tenía conversación e incluso sorprendía los conocimientos que tenía sobre cualquier tema, era encantador. A eso de las doce menos cuarto se calló una pieza de fruta al suelo, el amable invitado se agachó bajo la mesa a recogerla pero tardaba en salir y aquel que lo había traído empezó a poner caras extrañas y a respirar con un ritmo algo alterado, parecía que disfrutaba. A eso de las doce menos diez apareció el otro chiquillo de debajo de la mesa bajo la cual nadie se había atrevido a mirar y surgió de ella sonriendo mientras se comía aquel plátano pelado que había caído bajo la mesa. Él no se explica el porqué pero al salir sintió que algo había cambiado en el ambiente tan especial que hubo durante toda esa noche sobre aquella mesa.

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