Hace tanto tiempo que el viento
ya no me hace cosquillas
que ya tampoco me chilla
para él perdí todo mi aliento.
No merece la pena correr,
ni jugar ha coger
pues es una perdida de tiempo.
Claro, él prefiere verme con vida
esperar a que encuentre la salida
y hallarme allí, feliz, compartiendo (con ella) un asiento.
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