Esa vestidura a rayas bicolor que le sentaba tan bien pertenecía a nuestro último día. Al último día normal entre nosotros, mágico, como me resultaban todos, por que después no estuvimos en otro día, no, sencillamente y sin saberlo acudimos al entierro de una de mis historias favoritas, una muerte que aun no he aceptado. Una muerte a la que como un iluso le sigo esperando - en el fondo, en silencio- su resurrección...
Y ahora, por qué como escribo esto. Simplemente volviste a aparecer entre sueños.
No hay comentarios:
Publicar un comentario